El uso de las bicis en las grandes urbes es nuestro futuro. No solamente está cambiando el perfil de las ciudades más avanzadas del mundo (París, Barcelona, Copenhague, Amsterdam, Nueva York, por nombrar algunas), sino que va a cambiar completamente nuestro “estilo de vida”, así como el “mapa” de nuestras actividades diarias. Estamos convencidos de que la bici no sólo debe confinarse a una parte minoritaria y marginal de la población, como si fuera una especie de moda pasajera, sino que debe volverse el medio de transporte por excelencia en los lugares en que la topografía lo permita.
Cuando vemos el impacto que la bici tiene en nuestra ciudad en los últimos años, confiamos en que los habitantes de la Ciudad de México vamos a ir convenciéndonos de las bondades de este medio de transporte. La movilidad en la ciudad puede ser tan caótica o simple como queramos. El uso del automóvil está sobrevaluado, ya que sus ventajas frente a las del transporte público o la bicicleta resultan efímeras e impracticables. Como ciudad de vanguardia, diariamente peatones, ciclistas y automovilistas convivimos en la vía pública, y nuestro reto es conseguir que se haga de manera equitativa y respetuosa.
En particular, en los últimos cinco años, el cada vez más intenso uso de la bici ha configurado el nuevo rostro de la ciudad; un rostro más humano donde todas y todos ponemos nuestro grano de arena para hacer de esta gran urbe un mejor lugar para vivir.
Cambiar la mentalidad de una ciudad tan grande no es fácil, pero en un futuro no muy lejano recordaremos estos años como los primeros pasos de un trayecto lleno de logros. Las personas que nos movemos en bici somos cada vez más gente consciente, responsable y comprometida con nosotros mismos, con nuestra ciudad y con el mundo. Somos gente práctica, dinámica y de vanguardia. Somos padres, hijos, vecinos y amigos que buscamos ahorrar tiempo en trasladarnos para disfrutar nuestras calles de otra manera.
Para entender el papel que juega la bicicleta en el siglo xxi es necesario analizar el estilo de vida de cada ciudad. Desde la segunda mitad del siglo xix la bicicleta ha sido imparcial o neutral, ya que cualquiera puede utilizarla sin importar edad, género, condición física o nivel socioeconómico. Podemos decir que es el medio de transporte más democrático que existe.
Pero entre los ciclistas hay diferentes categorías, dependiendo del uso que le den a la bicicleta y la frecuencia con que la utilicen. Según la usen por deporte, por diversión, por trabajo o como modo de transporte, así serán los distintos estilos de vida de los usuarios. Cada uno de estos grupos comparte, entre otras cosas, intereses e información específica de cada tipo de ciclismo. Sin embargo, tienen en común un gran deseo de hacer ejercicio al aire libre, el amor por la naturaleza, la tendencia de ayudar a conservar el medio ambiente, mejorar su salud y tener una mejor calidad de vida y, por lo tanto, de ánimo.
Cabe recalcar que los beneficios que conlleva el uso cotidiano de la bicicleta son los mismos para todos, pero su efecto es proporcional a la frecuencia de uso. Conocer los beneficios a nivel individual y colectivo puede transformar nuestra ciudad en un mejor lugar para vivir.
Ciudades vanguardistas y con un nivel de cultura vial ejemplar han aprendido que adaptar la ciudad a la bicicleta (y no al revés) produce una mejor calidad de vida
en sus habitantes. De esta forma, los ciudadanos comienzan a experimentar los beneficios de la bicicleta, lo cual, junto con las acciones ciclistas gubernamentales, ha cambiado la percepción de la bicicleta, pasando de ser un medio únicamente para hacer deporte o pasear a ser un modo de transporte eficiente, rápido, cómodo, seguro, ecológico y económico. Pertenece también al gobierno de la ciudad volver más eficiente y racional el uso de la bici gracias a una planeación estratégica del sistema de interconexión (o intermodal) de los diferentes tipos de transportes privados o públicos, construyendo, por ejemplo, la suficiente infraestructura para estacionar las bicis donde se pueda subir a otro tipo de transporte.
Asimismo, los ciclistas de estas ciudades no han modificado sus hábitos de vestir al pedalear, lo que se conoce alrededor del mundo como cycle chic. Este movimiento propone no cambiar los hábitos de vestir para andar en bicicleta, incluyendo los accesorios personales.
La Ciudad de México se ha unido a este movimiento mundial al construir, hasta ahora, la Ciclovía Reforma, lanzar el Sistema de Transporte Individual Ecobici, ampliar el Programa Muévete en Bici, colocar biciestacionamientos públicos y crear una campaña de conciencia vial. Esto pasa en tu ciudad, donde se promueven iniciativas que impulsan un cambio de cultura, de valores y de hábitos.










