Los analistas bautizaron las campañas electorales como “la dictadura del spot” y cuestionan los escasos 30 segundos de transmisión televisiva que tiene el ciudadano para analizar la oferta de los candidatos a la Presidencia de la República. A través de estos spots presentan su plataforma de gobierno, desmienten a los opositores y tratan de captar el sufragio ciudadano. De ahí surgen las interrogantes sobre la manipulación o razonamiento del voto.Según las encuestas realizadas por el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM sobre la cultura política en México, el 85 por ciento de los ciudadanos recibe información electoral a través de la televisión, con un alto nivel de contenidos mercadotécnicos y publicitarios.
Para Jorge Islas, académico de la Universidad Nacional Autónoma de México, en ese esquema no es posible ejercer un voto racional. “El voto racional implica el conocimiento profundo del tema y en México tenemos un mal modelo legal en cuanto al sistema de spots para informar. No podemos aspirar a tener una elección libre si no tenemos medios libres, diversos plurales y comprometidos”.
La reforma electoral de 2007 abrió espacios privilegiados para los spots y sujeto la contienda federal a los medios electrónicos concesionados —radio y televisión—.
Ahora la discusión y difusión de propaganda de partidos y candidatos se miden en ondas hertzianas y electromagnéticas aderezadas de técnicas de persuasión y mercadotecnia en detrimento de una democracia de calidad. Y lo más grave es que resquebraja la posibilidad de construir una soberanía fuerte, consciente, activa, participativa y demandante.
Islas considera que la educación es un factor que determina la cultura política, es la educación contrapuesta al bajo nivel de lectura de los mexicanos. Las encuestas de la UNAM arrojan que un 18 por ciento de la población tiene interés en la política, el 82 por ciento mostró desinterés por el tema.
En cambio, John Ackerman, académico del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, considera que no hace falta tener un nivel escolar específico para emitir un voto razonado: “esto es una posición elitista y excluyente, pues el voto racional lo puede ejercer cualquier ciudadano, incluso los menos escolarizados tienen más conciencia”.
Si sumamos los resultados de los estudios realizados por la UNAM, con las recientes encuestas efectuadas por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), un 75 por ciento de los jóvenes considera seriamente no acudir a las urnas en julio próximo. Tenemos un resultado alarmante de desinterés ciudadano y baja participación electoral.
Para el jurista de la UNAM, “no votar no es una forma de protesta que tenga sentido, pues el resultado es justo a la inversa de lo que se busca con un abstencionismo intencional, que en lugar de empoderar a los ciudadanos, empodera a los partidos que tienen mayor movilización clientelar del voto”.
Ackerman añade que en las elecciones de la alternancia estatal de los últimos años, como en Oaxaca, Puebla y Sinaloa, un factor que marcó estas victorias, fue una amplia participación ciudadana. “Cuando aumenta la tasa de participación ciudadana en las urnas, podemos decir que es cuando predomina el voto razonado. Cuando hay muy baja participación, predomina el voto corporativo”.
—¿Cómo contribuyen los debates públicos al ejercicio del voto razonado del electorado?
—Hay una negativa a convocar a debates públicos en una evidente posición a favor del candidato del PRI (Enrique Peña Nieto), este es sólo uno de muchos ejemplos de que la televisión no está cumpliendo con su labor de garantizar el derecho de información de los ciudadanos.
El académico agrega que los debates son escenarios privilegiados para el intercambio de opiniones y la confrontación de ideas. “Sin debate no hay democracia. Los spots son sólo una parte de la campaña electoral, los debates deberían ser el elemento central”.











