Sobre el huidizo tapete
Recuerdo el centelleo
de la marisma
sobre la que desnudos
tú y yo
a saltitos
jugábamos rayuela
Era en la última tarde
y delante de almendros
a los que el sol lamparero
(prefigurando los astros de la noche)
prendía en su copete
un ascua al despedirse
Era sin duda
el mismo ardor
solar el que mandaba suspender
con sus leyes de sombra
nuestra danza saltarina
Entonces
sobre el huidizo tapete de arena
de la playa
corría detrás de ti
hasta alcanzar la curva
de una de tus caderas
(¡ah tan esquivas
y tan mucilaginosamente
húmedas!)
Ahora
contra un cielo límpido
(en viaje siempre)
es el entero mundo
de tu cuerpo el que rodeo
con mis ojos:
cifra de la delicia y del deseo.











